miércoles, 22 de agosto de 2012

CAPÍTULO 24: "Tierra sobre tierra"


"Los Últimos Días"
Spin Off De
"Su Nombre Es Joaquín"

Basado en los personajes creados por
Víctor Carrasco

Webserie Creada y Desarrollada por
Jaime Esteban Morales

CAPÍTULO 24
"Tierra sobre tierra"

Todo lo que inicia... Debe terminar. 

Comenzó como la búsqueda de una cura contra la siflilis, que en su etapa terminal y más grave, provoca locura entre otras graves falencias al sistema humano, sin embargo los expertos de la investigación encabezada por la Doctora Emilia Arellano pronto descubrieron que lo que estaban desarrollando parecía tener efectos desintegradores en las células del cáncer, dando inicio a una serie de largos procesos e investigaciones para mejorar el trabajo, sin sospechar que este se escaparía de sus manos, desarrollando un nuevo virus que bautizaron temporalmente como "T" y que en su composición mezclaba elementos de ambas patologías que querían erradicar, la locura de la bacteria que causa la sifilis y estragos en la piel humana por ulceras cancerosas. 

A casi tres años desde que estalló la enfermedad que arrasó con la humanidad, el rumor de una cura existente en Perú había llegado a oídos de Emilia, quien aseguraba que en el veneno del escorpión azul se encontraba el antídoto.

Carolina lloraba en la camioneta militar, mientras abrazaba con fuerza a los pequeños Eva y Renato. Los militares la miraban por el espejo retrovisor, conscientes del dolor de la joven por haber abandonado a Alonso en medio del desierto, hasta que un grito de la muchacha los obligó a detenerse en seco.

Encañonando a uno de los militares, la joven aseguró presionar el gatillo si no regresaban en ese preciso momento al pequeño bloque de cemento donde el hombre del que se había enamorado debía estar. Uno de los militares encendió su teléfono satélite para llamar a la mujer a la que respetaba como jefa, enterándose Emilia de este modo del regreso de Carolina. 

Sacó con suavidad una pequeña jeringa de su bolsillo y tras quitarle la tapa, dejó salir sólo una pequeña gota que se fue por efecto de la fuerte brisa del desierto, que además hacía bailar su crespa y pelirroja cabellera. Sus ojos de humedecieron de lágrimas, mientras observaba a Alonso que no presentaba signos vitales, tendido sobre el cubo de cemento donde una centena de alacranes ya habían dejado de atacar. 

Emilia se acercó al médico y puso sus dedos suavemente en la yugular de Alonso para comprobar sus signos vitales. Montero no sólo seguía con vida, además había comenzado a sanarse de su enfermedad con el veneno del escorpión, tal cual Emilia había prometido. Su delicado plan de venganza no terminaba con la muerte del hombre que había causado la del amor de su vida. Lo quería vivo. Vivo y solo en medio del desierto para que vagara por años, alimentándose de carroñas, hasta finalmente terminar su vida seco bajo los rayos del sol abrasante... Era el plan que había dejado cocer a fuego lento, sin embargo el amor que había surgido por el médico era algo con lo que no contaba.

La hermana de Arellano lloró de impotencia por sus propios sentimientos, mientras la camioneta militar comenzaba a visualizarse a lo lejos, acercándose en cada segundo. Empuñó la jeringa fuertemente y tras un leve temblor, claro signo de sus repentinas dudas, lo clavó fuerte en su propio cuello, antes de caer desmayada junto a Alonso, con los ojos muy abiertos, mirando fijamente el cielo. 

Carolina bajó de un salto, encontrando los aparentes cadáveres de la Gurú y el médico que amaba, rodeados de los alacranes que seguramente habían causado el deceso. Cayó de rodillas, mientras sus ojos se llenaban de unas lágrimas explosivas, que caían y se absorbían en la tierra agrietada. Había esperado por meses la validación del amor que había nacido entre ambos y ahora, con Alonso muerto, simplemente nunca se concretaría. 

Un militar se acercó a la muchacha, la tomó con suavidad y le hizo ver que estaba por oscurecer y la zona se volvía peligrosa después de caído el sol. Carolina se levantó trastabillante, con el estomago revuelto, a punto de vomitar. Avanzó a la camioneta militar y cuando estaba por abordarla, escuchó su nombre como un suave susurro. 

Se giró, descubriendo que el médico daba un parpadeo y sin pensarlo un segundo, corrió a su lado para abrazarlo con fuerza y darle un gran y apasionado beso. La alegría inundó el rostro de la muchacha, mientras Alonso, débil, sólo podía sonreír.

Se prometieron amor eterno y no volverse a separar. Alonso estaba sanando, lo podía sentir y esta era la prueba de que Emilia no había mentido; Todas las dudas y resquemores respeto a la hermana de Joaquín, habían sido infundados. La miraron, tenía su expresión y grandes ojos azules fijos en el cielo, inmortalizada para siempre en el recuerdo de la pareja. 

Alonso sabía que dejando el cuerpo a la deriva sería corroído por el viento, la arena, la sal y los distintos animales que habitaban en la zona se alimentarían de su cadaver, por lo que antes de que se pusiera definitivamente el sol, decidió agradecer la nueva vida que le había dado, entregándole una digna sepultura.

Junto a Carolina y los militares cavaron una fosa lo suficientemente profunda como para que los animales no escarbaran y la volvieran a sacar; Con suavidad la dejaron en el fondo, mientras Alonso cerraba sus ojos con un delicado movimiento, sin saber que en la cabeza de Emilia sonaban desesperados gritos de ayuda.

La jeringa contenía un medicamento capaz de reducir al mínimo las funciones vitales, algo muy similar a lo sucedido con enfermos de catalepsia, que son enterrados sin estar realmente muertos. A diferencia de estas personas que despiertan en sus urnas, Emilia estaba plenamente consciente sólo que no podía decirlo, sintiendo la tierra caer sobre su cuerpo sin poder mover un sólo musculo, ni emitir el sonido que la salvara. 

Se había aplicado la inyección confiando que Carolina los creería muertos, se marcharía y ella tendría la oportunidad de iniciar una historia con Alonso, al estar solos en medio del desierto. 

La fosa fue cubierta por completo antes de que el grupo subiera a la camioneta. La pareja abrazó a los niños, completando el cuadro de la familia que finalmente habían formado, al tiempo que el vehículo se puso en marcha, alejándose para siempre del lugar.

Los alacranes que no habían atacado a Montero rodearon la tumba improvisada de la hermana de Joaquín, como buscando confundidos una nueva forma de restaurar la tranquilidad en la que vivían hasta ahora, cuando la mano de la mujer atravesó la capa de tierra, dando paso a la salida completa de su cuerpo asfixiado. Intentó gritar, pedir a los militares que se detuvieran, pero estos ya se encontraban demasiado lejos como para saber que había salido de su estado. 

Sin saberlo la hermana de Joaquín comenzaría a vivir el castigo que tan delicadamente había preparado para el foco de su venganza. Abandonada y sola, lo único que le esperaba ahora era vagar por el desierto hasta encontrar una -Esperaba- pronta muerte...

En el regreso a Chile, tras dos días de viaje, Alonso decidió que el vehículo militar se detuviera. Bajó con Carolina, los bebés y ordenó a los militares que continuaran el viaje. Ellos iniciarían una nueva vida, desde cero, en este nuevo país. 

Casi una semana después los militares cruzaron la frontera, regresando a Chile, mientras Alonso y Carolina se unieron a un grupo de nuevos colonos que había encontrado un pueblo en un estado un poco menos devastado que los demás. Este se convertiría en el futuro en la nueva capital de Perú, que para ese entonces tendría otro nombre y otras fronteras. Era un mundo nuevo, completamente renovado... 

"Los Últimos Días"
-. F I N .-










jueves, 16 de agosto de 2012

CAPÍTULO 23: "La Última Jugada de Emilia"

 

La arena se había vuelto dura como una piedra por la ausencia extendida de agua, formando grietas profundas, marcando un paisaje que se perdía en el horizonte de desolación y aridez. Los suaves rayos de luz de un día que comenzaba parecieron ser la señal para que de uno de estos orificios emergiera tímidamente un alacrán de la variedad "alacrán azul", originario de Cuba, que misteriosamente habitaba actualmente en el desierto peruano. 

De pequeñas dimensiones y un color morado, el pequeño avanzó desde su escondite hasta un tronco donde se perdió nuevamente de vista, camuflándose con la sombra que proyectaba el trozo de madera seca, resguardándose de la llegada de un vehículo militar que se acercaba cada segundo más y que pasó de largo por la carretera, con un único destino cada vez más cercano.

Carolina y Alonso habían completado tres días sin dirigirse palabras. Las últimas las habían dicho en una extensa conversación en la que habían verbalizado sus recientes experiencias que mezclaban la fantasía con la realidad, en la que ella había visto a su primer amor y Alonso, victima de la enfermedad que azotó al mundo, creyó que su amada Magdalena estaba de vuelta. El recuerdo de sus respectivos amores habían puesto en re evaluación lo que sentían el uno por el otro.

Emilia se sentía gozosa por la parte de responsabilidad que le correspondía en este distanciamiento de la pareja. No era su primer intento por separarlos, pero parecía ser el definitivo. Cerró los ojos y disfrutó la brisa del viento en su rostro, mientras el vehículo militar avanzaba por el desierto, acercándose en cada segundo a un imponente cubo de cemento que se veía a lo lejos, en medio del desierto.

El equipo llegó hasta el misterioso cubo, deteniendo el vehículo junto a la entrada. Emilia se inclinó, afirmándose del respaldo del asiento del co-piloto, mientras su rostro se iluminaba.

- Llegamos - Concluyó- Es aquí donde está la cura a tu enfermedad... -Afirmó al Doctor Montero

Alonso tomó la manilla, ansioso, presto a bajarse de un salto, pero la mano de la hermana de Joaquín lo detuvo, con firmeza.

- ¡Espera!

Emilia miro a Alonso intensamente, antes de advertirle que tuviera mucho cuidado en donde diera el primer paso. Sin entender, el médico se echó hacia atrás, mientras Emilia abría lentamente la puerta y un ensordecedor zumbido comenzaba a inundar el interior del vehículo. Fuera de este una multitud de alacranes azules rodeaban el auto, impidiendo el caminar entre ellos. Emilia tomó una botella con dispersor y tras presionarla con furia, lanzó un gran chorro de combustible que exaltó a los alacranes que fueron tocados con el liquido, antes de tomar una caja de fósforos de la que extrajo uno que encendió y lanzó fuera para abrir un camino hacia el cubo de cemento.

Carolina abrazó a su pequeña hija con un brazo, haciendo lo mismo con Renato con el otro. Los apretó atemorizada, mientras Emilia ordenaba que sólo ella y Alonso irían hacia la edificación. Algunos alacranes se retorcían y reventaban por las llamas, pero el fuego que flameaba en el suelo espantaba al resto, despejando un camino hacia el misterioso cubo que, contrario a lo que se podría esperar, no presentaba puerta de acceso.

Emilia confesó. El veneno del alacrán, usado por algunas personas para el tratamiento del cáncer, resultaba ser efectivo para tratar el hasta ahora llamado Virus T. Alonso, ansioso por aplicarse el antídoto con prisa, exigió a la gurú que le dijera como abrir al cubículo de cemento para acceder al laboratorio, pero ella sonrió con ironía. No existía laboratorio, el cubículo de cemento no era más que una especie de camilla/altar gigante donde recostarse para recibir el ataque de los alacranes hasta que el veneno curará completamente la enfermedad.

Alonso no tenía más alternativa que confiar, por lo que tras una larga pausa de silencio, accedió a que Emilia diera la orden para que se llevaran a Carolina lejos de ahí. Un militar cerró la puerta del vehículo y mientras la madre de la pequeña Eva pegaba ambas manos en el vidrio para mirar a Alonso por última vez, le suplicó con la mirada que no siguiera las ordenes de la hermana de Joaquín Arellano.

- No va a irse hasta que tú se lo digas... -Afirmó Emilia.

Carolina contenía las lágrimas, mientras miraba a Alonso rodeado de los alacranes que se erizaban, ansiosos por atacar. Alonso levantó la mano con suavidad y tras un leve temblor, la agitó dando la orden al vehículo que se alejara. La camioneta militar lentamente comenzó a alejarse.

Alonso miró a Emilia, esperando instrucciones y fue entonces cuando la enigmática pelirroja de penetrantes ojos color cielo, le indicó que subiera al cubo de cemento, se acostará de espaldas y esperara. Montero accedió, temeroso que en la búsqueda de un remedio encontrara la muerte.

Emilia tomó la botella con combustible y lanzó un segundo chorro para provocar que los alacranes se esparcieran, subiendo por la construcción de concreto a toda prisa. Empezaron a rodear al médico, que apretaba los puños con fuerza. Alonso miró a Emilia, cuyo rostro se transformaba, borrando su sonrisa y tensando su semblante.

- ¿Y tú? También estás enferma... -Dijo Alonso- ¿Vas a venir?
- Yo no tengo nada... -Respondió Emilia, despejando de forma definitiva la duda si había tenido contacto sexual con Alonso- Jamás podría acostarme con el hombre que mató al amor de mi vida.

Alonso reaccionó con sorpresa, tomando consciencia que la hermana de Arellano llegaba al punto culmine de la venganza que por meses había preparado. Quiso ponerse de pie de golpe, pero el movimiento brusco sólo logró hacer reaccionar a los alacranes que rápidamente saltaron sobre él, atacándolo con violencia.

Montero se agitó con fuerza, tomando algunos de los bichos y lanzandolos con fuerza, a pesar de que el aguijón ya estaba clavado en su piel y el veneno penetrando su flujo sanguíneo. Los ojos de Emilia se cargaron de lágrimas, mientras observaba al Médico extinguiéndose lentamente hasta quedar completamente inerte sobre la roca de cemento...

"Los Últimos Días"
Conclusión Final en el Siguiente capítulo

lunes, 16 de julio de 2012

CAPÍTULO 22: "Una Silueta en el Atardecer"

El vehículo militar se desplazaba por la carretera peruana, cuando luego de varias horas de continúa conducción el chofer tuvo que detenerse en una estación de bencina para hacer cambio de turno y conseguir algunas provisiones. Alonso, Carolina y Emilia entraron a un Minimarket abandonado, con la esperanza de que a pesar de los saqueos, algo de alimento hubiera quedado rezagado.

Alonso se detuvo un momento antes de entrar. A lo lejos, a contraluz, la figura de una mujer se dibujaba como una silueta en el atardecer. No se distinguían sus rasgos, pero era delgada y de cabello muy largo y enmarañado. El médico tuvo que poner su mano sobre los ojos a modo de visera para intentar ver su rostro. El suave movimiento de ella tapaba a ratos los haces de luz, pero entonces la oscuridad en su cara impedía ver sus rasgos. De pronto, por una fracción de segundo, el doctor logró ver de quien se trata y su expresión se congeló.

- ¿Vas a entrar? -Preguntó Carolina, a lo que el médico accedió sin formular palabra.

Buscaron debajo de los estantes, encontrando algunas latas a punto de alcanzar su fecha de vencimiento. Alonso realizaba la tarea inquieto, lanzando continúas miradas hacia el exterior por el vidrio de la puerta de entrada, hasta que de pronto, frente a él, parada en el pasillo, estaba la mujer que había visto en el exterior: Magdalena.

Los ojos del médico se cristalizaron de lágrimas, pero consciente de que una de las características de la enfermedad que lo aquejaba era ver muertos, contuvo los deseos de abrazarla con fuerza.

Un ruido reberberante alertó a Carolina y de regreso en el vehículo militar, Emilia enfiló hacia el origen del ruido, deteniéndose en la mitad del desierto, en un lugar apartado, árido, sin rastros de civilización. Carolina bajó del auto y corrió varios metros antes de detenerse emocionada y lanzarse en los brazos de un ser imaginario.

La hermana de Joaquín observaba desde lejos a la madre de la pequeña Eva, antes de girar la cabeza y mirar a Alonso, quien en silencio intentaba ignorar que junto a él veía a la mujer que antes había amado, sentada, en silencio, esperando una palabra o mirada de cariño.

Emilia ordenó que acamparan esa noche en el lugar, al día siguiente seguirían en la caravana que los enfilaba hacia el lugar donde existía el antídoto para el mal que había arrasado con la vida humana en gran parte del planeta.

Fue avanzada la noche que Alonso cedió a lo que sabía que existía sólo en su imaginación y se alejó del improvisado campamento para perderse en la inmensidad del desierto con una silenciosa Magdalena. Por su parte Carolina seguía viviendo la fantasía de haberse encontrado con Venancio, su amor de juventud, hasta que su sueño se convirtió en una pesadilla.

Tras una larga conversación en la que el primer amor de la muchacha le juró amor eterno, ella lo siguió hasta la camioneta militar donde Emilia leía el diario de vida de Julia y fue testigo -En su imaginario- de un complot entre la líder y el muchacho.

Carolina montó en cólera al creer que Emilia habría traído a Venancio de regreso sólo para cumplir con un articulado plan de venganza y una vez que los enfrentó, la pelirroja se vio obligada a decirle que nada de lo que estaba viendo era real. Que Venancio simplemente no existía y que estaba siendo victima de una alucinación.

Frente a sus ojos la joven vio desaparecer al muchacho, se dio cuenta que por arte de magia la fogata del rave en el desierto desaparecía y el abrumador silencio del desierto inundaba todo. Carolina temió por su salud mental y luego de romper en llanto se abrazó a Emilia, que la contuvo como una madre.

Al amanecer continuaron el camino, pero antes de hacerlo Emilia eliminó todo rastro de las drogas que había utilizado para provocar las alucinaciones de Carolina y Alonso... Su plan seguía marchando tal cual lo había diseñado.

...CONTINUARÁ. 

domingo, 27 de mayo de 2012

CAPÍTULO 21: "Un delicado plan de venganza"



El camión militar avanzaba por una carretera que lucía abandonada. A su paso la basura apocalíptica abundaba. Vehículos abandonados, ciudades siniestradas, cadáveres de animales y humanos en su última etapa de descomposición, eran los elementos que recordaban a los viajantes que el fin del mundo que tanto se había anunciado, ya había sucedido.

La orden de Emilia Arellano había sido clara. El vehículo continuaría su ruta sin detenciones hasta llegar al lugar donde se aseguraba existía la cura contra la enfermedad que había arrasado con la humanidad, sin embargo luego de 6 horas de conducción continúa el conductor debió detenerse para hacer cambio de turno con su compañero. Emilia decidió que era el momento de cargar combustible, realizar tareas de higiene básicas y comer algo.

Se detuvieron en una estación de servicio abandonada y mientras los militares cargaban el vehículo con petroleo, el resto ingresó al local de comidas para buscar alimentos que no estuvieran descompuestos, ni vencidos. La tarea era difícil, pues a estas alturas el lugar había sido saqueado tantas veces que sólo conservaba los estantes vacíos. El grupo buscó debajo de los muebles, ahí donde el polvo ocultaba algunas provisiones que, en este escenario, eran un hallasgo similar a los más ricos manjares.

Se apresuraron en alimentarse, ansiosos y en silencio, hasta que un sonido suave, lejano y poco claro los interrumpió. Era un sonido que provenía de lo lejos. Abandonaron la estación de servicio, comprendiendo que el sonido que traía el viento era música. Música que venía del medio del desierto.

Abordaron el vehículo militar y a pesar del plan inicial, Emilia ordenó un cambio de ruta para descubrir el origen de la música que sonaba con euforia. La tarde ya caía y la luz natural lentamente comenzaba a extinguirse. Avanzaron por una ruta que abandonaba los restos de la que fuese la civilización y mientras la noche se imponía, una luz lejana se volvía más intensa en la medida que la música aumentaba en su intensidad. Poco a poco fueron descubriendo que la luz era originada por un gran fogón en medio de la nada. Un fuego que parecía alcanzar las estrellas y que se alimentaba sin césar con restos de casas, muebles o cualquier elemento combustible. Alrededor una treintena de personas bailaba al ritmo de la música, mientras alzaban las manos y se agitaban con euforia, llevados por la alegría musical. El camión militar se detuvo, sin embargo los que rodeaban las fogata parecían no reparar en su llegada. Las drogas en sus cuerpos los habían transportado a otra realidad. Una en la cual lo único que importaba era bailar y divertirse, mientras se desarrollaba el fin del mundo.

La luz del fuego iluminó el rostro de Carolina, quien observaba con gran impresión al grupo. Recordaba los años en que su vida se había pausado para caer en un torbellino de drogas del que sólo había logrado salir al ingresar a la Comunidad de los últimos días. Veía los rostros de quienes bailaban y a pesar de que sus años de drogadicta eran la parte más oscura de su vida, no podía sentir un leve deseo de incorporarse al estado de los que bailaban sin parar.

De pronto el gentío se abrió, revelando muy cerca del fuego a un atractivo joven de unos 29 años. Alto, con barba, pelo crespo y enmarañado. Bailaba alzando las manos, como queriendo alcanzar la luna. Su expresión era perdida, su cuerpo estaba presente, pero su mente muy lejos de ahí. Carolina lo vio y rápidamente le resultó llamativo. Algo en el desgreñado asistente le parecía familiar, pero sólo al hacer contacto visual con él descubrió la razón.

Carolina se llevó las manos a la cara, profundamente impresionada.

- ¿Qué pasa? - Preguntó Alonso.

Carolina no podía formular respuesta, hipnotizada por el joven que para este entonces la miraba con la misma curiosidad. Fue simultaneo el reconocimiento y cuando él corrió para recibirla con un gran abrazo, Emilia y Alonso se miraron confundidos. El joven tomó a Carolina con fuerza, levantándola para hacerla girar sujeta a él.

- ¡Caro! -Gritó emocionado.

Carolina apretó los ojos, mientras las lágrimas brotaban de forma inmediata. Venancio Van Horse era el primer novio de Carolina, su primer hombre, su primer gran amor, pero también quien la había introducido en el mundo de las drogas. Habían pasado 6 años desde la última vez que se habían visto y ella habría pensado que él había muerto por efecto de la plaga. Venancio le respondió con ansiedad que había escapado de Chile cuando todo se había vuelto caótico y que en ese lugar perdido en el desierto no existía la enfermedad. Carolina lo besó con furia, sin considerar la presencia de Alonso en el lugar.

Horas más tarde Emilia se encontraba sola en el camión militar. En el último rincón leía el diario de Julia, repasando la que sería la última página escrita antes de morir. Julia estaba convencida de que el plan que había articulado para quedarse con Joaquín surtiría efecto. Durante semanas había acumulado comida en un bunker donde ella y Joaquín se encerrarían a esperar el fin de sus vidas, sin embargo este sueño jamás se había logrado hacer realidad. Emilia cerró el diario, con lágrimas en los ojos al conocer la ilusión que albergaba quien fuese su amiga, cuando un suave carraspeo la interrumpió.

Elevó la vista viendo una silueta oscura que la miraba desde el exterior del camión. La fiesta en el exterior continuaba y el fuego hacía el contraluz que impedía descubrir quien era el hombre que acababa de llegar. Emilia tomó su linterna y lo alumbró, descubriendo que frente a ella estaba Venancio.

- ¿Qué quieres? - Preguntó Emilia.
- Conocer la segunda parte del plan... -Respondió Venancio, antes de concluir- ¿Qué quieres que haga con Carolina?

Nada en el camino de Emilia Arellano era casualidad, un ex amor de Carolina en la mitad del desierto tampoco podría serlo. La orden de manejar sin detenerse parecía ser sólo la primera parte de un delicado plan de venganza y la detención "casual" en la estación de servicio donde escucharon la música, orquestado únicamente para este fin.

Emilia Arellano había traído de regreso a Venancio a la vida de Carolina con un fin que tenía muy definido y que pronto, muy pronto, se manifestaría.

...CONTINUARÁ.

viernes, 11 de mayo de 2012

CAPÍTULO 20: "El Diario de Julia" (Segunda Parte)


La gloriosa cordillera del norte de chile era el telón de fondo para la intensa conversación entre Emilia y Carolina. La muchacha no sólo quería, sino que exigía que la hermana de Joaquín hablara con la verdad y le dijera si había tenido relaciones sexuales con Alonso.

Emilia guardaba silencio, mientras sus ojos se agitaban revelando el nerviosismo tremendo que la dominaba. Carolina insistía en el valor de la amistad y el profundo daño que le provocaba la ruptura por causa de este supuesto encuentro casual. Era la última oportunidad de Arellano para recuperar la confianza de la madre de Eva con sólo decir que  la noche con Alonso no había tenido nada de pasional, sin embargo, luego de una larga pausa, la Gurú bajó la mirada y con un hilo de voz respondió que no podía negarlo, todo lo que ella aseguraba que había sucedido era cierto.

Carolina recibió la confirmación con un dolor que le invadía el alma y sentenció que la amistad entre ambas en ese momento se sepultaba para siempre.Concluyó que el ADN Arellano parecía ser el que hería a todos quienes los rodeaban, pues aunque Emilia lucía diferente, al parecer era idéntica a su hermano fallecido.

Las últimas palabras de la joven calaron profundo en Emilia, quien se sentó sobre una roca mientras la veía alejarse y comenzó a llorar, incapaz de soportar la etiqueta con la que se le había catalogado. Se cubrió el rostro para ocultar sus lágrimas, sin embargo estas no cesaron de brotar.

Uno de los militares que dormía antes de reanudar el viaje se movió, provocando el nerviosismo de Alonso, que leía escondido el diario de Julia Ossa. Notó que este comenzaba a despertar, por lo que rápidamente lo cerró y volvió a dejar en el lugar donde estaba escondido. Fingió normalidad, cuando vio a Carolina llegar de regreso.

Le preguntó por su conversación con Emilia, pero Carolina no quiso dar detalles. Pocos minutos después regresó la líder, con su estado de animo restaurado, ordenando con severidad a los militares que continuaran con el viaje. De regreso en el camión Alonso no quitaba los ojos de la chaqueta de Emilia, ansioso de poder continuar con la lectura del diario que este protegía. El diario de vida de Julia contenía secretos que sólo al leerlos podría descubrir, pero debía se paciente, cauto, mesurado, por lo que al caer la noche, cuando la oscuridad lo protegiera, pretendía robarlo para continuar la lectura.

Avanzaron sin detenciones, Emilia parecía desesperada por llegar pronto al destino, por lo que prohibió cualquier parada, sin importarle el motivo. Llegaron hasta la frontera de Chile con Perú. El escenario era dantesco, la aduana completamente abandonada, era ahora uno más de los puntos fantasmas que abundaban en Chile y varios cadáveres estaban casi reducidos a esqueletos.

Atravesaron la frontera. Dejando atrás el país natal. 7 personas viajaban en el camión.. Pero sólo 2 de ellas regresarían con vida.

...CONTINUARÁ

CAPÍTULO 19: "El Diario de Julia"



Con el sol emergiendo detrás de los cerros, inició un nuevo día. Un vehículo militar preparaba las provisiones para una larga travesía hasta Perú. Carolina, Alonso y Emilia emprenderían viaje hacia el lugar donde se aseguraba había aparecido una cura contra la enfermedad que había desolado a gran parte del planeta tierra.

Una fría distancia se había instalado entre Alonso y Carolina después que la joven descubriera que el médico había despertado junto a Emilia, completamente desnuda, en una instalación militar. Alonso insistía en su versión. Sus recuerdos estaban borrados y no podía asegurar, ni negar que había sucedido con la hermana de Joaquín Arellano.

El último recuerdo de Montero era la comida que la propia Emilia le había servido, donde sin dudas podría haber habido algún tipo de somnífero que facilitara el montaje, pero esto era parte de las especulaciones.

La madre de la pequeña Eva escuchaba sin responder los argumentos que Alonso repetía una y otra vez, mientras ella preparaba el equipaje que usaría para el viaje. Cuando finalmente Montero dejó de hablar, la hermosa muchacha lo miró con sus expresivos ojos marrones y le hizo ver que si lo estaba acompañando en la nueva travesía, era únicamente porque quería descubrir si la versión de un encuentro sexual que aseguraba Emilia, era verdadero o falso.

Alonso no comprendió como el viaje podría resolver el misterio y entonces Carolina le recordó que la enfermedad, para quienes no habían muerto por contagio natural, en su última etapa de propagación era vía sexual. Emilia hasta hace poco estaba sana, si al llegar al lugar donde estaba el antídoto seguía estandolo, simplemente no había habido sucedido lo que afirmaba.

El reloj hizo su transición de las 05.59 a las 06.00 AM. Los gruesos portones del Refugio se abrieron, dejando salir la camioneta que se convertiría en el medio de transporte del grupo con destino a Perú. Emilia, en el fondo del medio de movilización, notaba la molestia de Alonso y Carolina, por lo que aislada se había cubierto con una manta para abrigarse del frío matinal, mientras abría un antiguo cuaderno con tapa de cuero: El diario de vida de Julia Ossa.

Carolina amamantaba a Eva, mientras a su lado el pequeño Renato dormía plácidamente. Alonso aprovecha el silencioso viaje para pensar en su realidad. Nuevas manchas de la enfermedad mortal habían aparecido por todo su cuerpo, por lo que de no encontrar el remedio, su final era inminente.

Emilia lucía absorta por la lectura, conociendo por palabras de la que fuese su aliada, la realidad que se había vivido en la llamada "Comunidad de los últimos días". Se enteró de los abusos, de las injusticias, los crímenes cometidos y por sobre todo, del dolor que habían vivido los otros dos pasajeros del camión.

Al llegar a un descampado se detuvieron para comer. Los militares que se turnaban en la tarea de conducción no sólo aprovecharon de comer, además de dormir productor del cansancio por el viaje. Carolina le pidió a Emilia que la acompañara a dar una vuelta, en una invitación que podría ser la previa a una gran discusión o la instancia de una tregua.

Arellano accedió y juntas se alejaron, buscando privacidad. Carolina, que en los últimos meses había descubierto en Emilia a una amiga, le enrostró lo sucedido con Alonso y le pidió las razones. Emilia no pudo argumenta más que la soledad y la fuerte, pero no querida, atracción que sentía por el médico. Carolina le hizo ver que desde que habían dejado Valle Azul habían pasado casi 6 meses, periodo en que ella esperó con ansias el momento para poder concretar los sentimientos que también albergaba por Montero, pero que había frenado por el miedo a enfermar estando embarazada de su pequeña hija. Carolina, con los ojos cargados de lágrimas y el corazón destruido, le suplicó a Emilia que le dijera la verdad. Para Alonso todo era una gran nebulosa de confusión, pero ella sabía exactamente que había pasado esa noche.

En silencio Emilia miró a la suplicante muchacha. Carolina, con desesperación y angustia, esperaba su respuesta, mientras que Emilia intentaba formular una palabra que nunca se llegaba a concretar.

Alonso se coló al camión buscando algo de comida, pero fue el diario de Julia lo que le llamó la atención envuelto en la chaqueta de Emilia que estaba sobre el asiento. Sabía que no era correcto revisar los objetos de la hermana de Arellano, pero aún corroboró que los militares durmieran y que las mujeres estuvieran lejos y lo abrió. Grande fue su sorpresa al descubrir de que se trataba el documento, pero más aún cuando encontró el capítulo en que Julia hablaba de Emilia... Su gran amiga... Sedienta de venganza.

... CONTINUARÁ

miércoles, 25 de abril de 2012

CAPÍTULO 18: "El costo de una verdad dolorosa"


Carolina alisaba su cabello con un cepillo, mientras observaba su rostro reflejado en el espejo. Su expresión era serena, al tiempo que el peine es movía en forma descendente por sus suaves cabellos y su cabeza se llenaba de pensamientos. Eran varios meses los que habían pasado desde la última vez que había visto a Alonso. Cuando él se fue, ella estaba embarazada de Eva, la pequeña niña que ahora dormía sobre su cama.

La joven madre sabía que el médico venía de regreso al recinto militar en donde vivía actualmente y recordaba que una historia de amor en desarrollo se había truncado sin concretarse. No quería aferrarse a una ilusión, ni mucho menos dejarse llevar por ella, pero su corazón sin dominio latía más rápido cada vez que recordaba que él estaba a pocos kilómetros.

Se abrió el grueso portón metálico que era el único acceso al Oasis en el desierto. Ingresó el vehículo militar y luego de unos segundos, Alonso descendió de él. Lucía más delgado, con el pelo crecido y enmarañado, pero su sonrisa y mirada era la misma.

Se miraron intensamente durante unos momentos, sin saber que hacer. Carolina fue quien rompió la tensión, corriendo con prisa para lanzarse a los brazos de Montero y fundirse en un gran y apretado abrazo.

- Pensé que no te iba a volver a ver... -Dijo la muchacha, con ojos cerrados, sosteniéndose fuerte del médico, antes de reiterar- Tenía mucho miedo de no volverte a verte nunca más...

Alonso separó a Carolina, tomando su rostro firme con ambas manos para mirar cada detalle de su cara. Montero se veía emocionado, pero aguantaba unas lágrimas ansiosas por estallar. Disparó preguntas como si fuese una metralleta, ansioso, atropellándose las palabras en su boca sin dar tiempo a Carolina a responder. La muchacha lo calmó, ahora que había vuelto tendrían todo el tiempo del mundo para hablar de eso y mucho más.

Se volvieron a abrazar, hasta que Emilia llegó a su lado para ofrecerle al médico comida y una ducha. Alonso la aceptó, mientras recordaba que la hermana de Joaquín había amanecido desnuda a su lado la noche anterior. Este pensamiento fue recurrente una y otra vez mientras Alonso disfruta el largo baño bajo la ducha, pensando en el momento en que ella revelaría el incidente a Carolina. Era cosa de tiempo, estaba seguro, más temprano que tarde ella hablaría con la verdad, por lo que prefirió adelantarse.

Carolina ingresó al comedor, que por ser una ocasión especial, estaba preparada con mantel largo, flores y un gran despliegue de apetitosos alimentos. Al fondo de la sala Alonso la esperaba. Carolina se acercó, con paso lento y gran sonrisa, casi como una novia que avanza hasta el altar para dar el sí que cambia su vida. La expresión del Médico la alertó, estaba serio, complicado, visiblemente contrariado. Carolina no esperó más y preguntó que pasaba, la respuesta de Alonso tampoco tuvo rodeos, confesando lo sucedido con la hermana de Joaquín la noche anterior.

La confesión caló hondo en Carolina, quien en cosa de segundos vio todas sus ilusiones destrozadas. Los meses de larga y angustiosa espera repentinamente se volvían gratuitos y la esperanza de un futuro con el que fuera médico de Valle Azul se desintegraban al darse cuenta que él no había logrado aguantar sus impulsos sexuales, utilizando a la hermana de Joaquín Arellano para poner fin a su abstinencia.

Lloró, provocando la ternura y culpa del doctor que quiso abrazarla, pero ella lo impidió, frenandolo con una mano. Sus pensamientos aún confusos le impedían manifestar una opinión clara respecto a lo que estaba sintiendo en ese momento, sólo se limitó a reconocer al médico que la había defraudado.

Cuando Emilia sintió nudillos golpeando la puerta de su dormitorio supo de inmediato quien iba a visitarla. Era algo que no sólo sabía que sucedería, sino que además lo esperaba ansiosamente. El rostro de Carolina reflejaba su profunda decepción. Las lágrimas ya no brotaban de sus ojos, pero no eran necesarios para mostrar la tristeza de la joven. Carolina deslizó un suave "¿Por qué?", cosa que Emilia no pudo responder con palabras. Carolina había hablado con la Gurú cada día que Alonso estuvo fuera, manifestando sus ilusiones y deseos, por lo que no podía menos que sentirse traicionada.

Meses atrás Emilia le había dicho a Carolina que no podía involucrarse con el médico enfermo de la enfermedad que azotaba al mundo, pues su contagio sería inmediato, por lo que Carolina enrostró a Arellano con esta realidad.

- ¿Por que lo hiciste? Sabías que te ibas a contagiar... No sólo me lo quitaste ¡Te condenaste a muerte! -Sentenció una dolida Carolina.

Emilia la miró intensamente un momento, antes de negar con un movimiento de cabeza, bajándola, avergonzada. Carolina temió lo peor, había sido víctima de un engaño y enfrentó a la líder con esta posibilidad. Emilia le aclaró que nunca le había mentido, pero a diferencia de lo sucedido meses atrás, el destino no estaba cerrado.

- Hay una cura... -Concluyó Emilia- La encontraron hace poco en Perú. Todos los contagiados pueden salvarse.

La información llegó a Carolina como una esperanza, aunque no sabía si podría superar que Alonso ya se hubiera involucrado con otra mujer.

CONTINUARÁ...